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Colonizadores
"Perfil de un adelantado
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Don Eduardo Casey
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2 0/04/1847 -- 20/07/1906
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- El descubridor de las bondades de los campos de Venado Tuerto fue
Eduardo Casey, un argentino descendiente de irlandeses. Nació
en la estancia "El Durazno" (Lobos), el 20 de abril de 1847,
y obviamente heredó el instinto irlandés de conocer la
calidad de los campos. Casey era un hombre de gran corazón y
brillantes ideas, y si se hubiera ocupado de los pequeños detalles,
habría acumulado una de las fortunas más grandes de toda
sur América. Inclinado a los grandes negocios, fracasó
en todos por no haber aplicado aquél refrán que dice:
"Encárgate de las monedas, que los billetes se cuidan solos".
Casey no llevaba libros contables y delegaba todos sus asuntos financieros
menores a sus colaboradores.
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- El 25 de mayo de 1877 contrajo matrimonio con María Inés
Gahan, hija de John Gahan (que participó de la segunda excursión
de Casey a los campos del Venado Tuerto) y Mary Devitt. Tuvieron cinco
hijos: 1) Ángela, nacida el 02/10/1879 y fallecida el 17/02/1953,
contrajo matrimonio con Julián Duggan (con sucesión).
2) Arturo Eduardo nacido en 1881 y falleció el 15/12/1882. 3)
Elena que nació el 13/08/1883 y falleció soltera. 4) Lily
que nació en 01/05/1886 y falleció soltera. 5) Vicente
que nació el 22/01/1888 y falleció soltero el 02/09/1933.
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- Estuvo asociado con los Duggan, una de las familias más acaudaladas
de la Argentina. Su hija se casó con Tomás Duggan, lo
que le significó un gran respaldo económico. La primera
operación bursátil de gran escala fue la adquisición
de unas cien leguas al sur de Buenos Aires, realizada desde Plaza Montero,
a la sazón concesionaria gubernamental de las tierras del "Curamalál".
Posteriormente formó otra sociedad con G.Gilmour y R. Inglis
Runciman en los distritos de Venado Tuerto y Loreto. El primero de setenta
y dos leguas y el segundo de cien. Ambas operaciones fueron buenas y
transparentes. Posteriormente, y con el respaldo financiero de Tomás
Duggan, levantó el Mercado Central de Buenos Aires que, con el
tiempo fracasó. Tomás Duggan debió hipotecar sus
bienes por el término de diez años, entre ellos dieciocho
estancias. Poco tiempo después de esta operación, fallecieron
Daniel y Miguel Duggan, hermanos de Tomás, dejándole una
herencia fabulosa. Naturalmente los acreedores corrieron a exigirle
que saldara su deuda, pero él les respondió que, al habérsele
negado el crédito cuando lo necesitaba, ahora tomaría
el tiempo acordado para su devolución, de manera que los dejó
plantados esperando que se cumplieran los diez años para su cancelación.
Decían que Tomás Duggan solía entretenerse yendo
al Mercado Central y contarles a sus amigos que cada uno de los ladrillos
del edificio representaba un dólar para su bolsillo.
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- Además de estas actividades, Casey tuvo amplia participación
en obras públicas en Montivideo, a través de la construcción
de edificios y hoteles. Pero las cosas no andaban bien y nuevamente
se encontró en dificultades económicas, por lo que se
vio obligado a recurrir nuevamente a préstamos hipotecarios.
Esta vez fue la Baring Bros. la que facilitó el crédito
hipotecario sobre los campos del "Curamalál". Estos
negocios, además de los del Mercado Central, terminaron por fundirlo.
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- Demás está decir que la Baring Bros. se adueñó
del "Curamalál", que también derivó en
una quiebra que fue salvada por el Banco de Inglaterra. La Baring vendió
la mayoría de esos campos a la financiera alemana Tornquist,
la que posteriormente los revendió fraccionados, cuyos porcentajes
de utilidad alcanzaron entre los 700 a 800 por ciento. ¡Y pensar
que la Baring pudo haber hecho lo mismo!.
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- Eduardo Casey fue uno de los fundadores del Jockey Club junto con
el señor E.T. Mulhall, dueño del conocido periódico
"The Standard". También fundaron el "Bread and
Butter Club", (Club Pan y Manteca) de efímera duración.
Ambos tuvieron participación en el Banco de Irlanda en Buenos
Aires, pero la entidad no tuvo implicancias en la quiebra de Casey.
En tanto Mulhall, que había tenido éxito en los negocios,
fue considerado por Casey como "el único de sus amigos que
no había fundido".
No caben dudas que Casey nació cincuenta años antes de
tiempo. Sus ideas y planes eran brillantes y posibles, por lo que resulta
patético pensar que un hombre como él, que alguna vez
pensó en iniciar una carrera política con miras a la Presidencia
de la Nación, haya muerto en la total miseria y desamparo.
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- Pero justo es reconocer que, si bien murió en la mayor de las
pobrezas económicas, dejó tras de sí un sinnúmero
de amigos que lo consideraban una persona generosa, abierta y transparente.
Contar la historia de Casey sería muy interesante, pero eso demandaría
mucho más que todo este libro.
("Work and Play in Argentina" - John Macnie - Londres 1924)
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- "El 23 de julio de 1906, desgarrado moralmente, cruelmente ignorado,
pero aún con sueños que sabía irremediablemente
inalcanzables, bajó el gran celta sus vigorosos brazos y dejó
que una máquina de maniobras, cerca del Mercado Lanar de Barras,
lo transportara metafísicamente a sus ilusiones pasadas"
(sic) ("Irlandeses, Eduardo Casey, Vida y Obra" de Roberto
Landaburu - Pág. 194).
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- Tal vez el historiador Julio A. Costa haya sido quien hizo la más
fiel descripción de Don Eduardo Casey, teniendo en cuenta que
lo conoció personalmente. He aquí un fragmento de su libro
"Semblanzas Históricas, páginas de mi diario".
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- "En la tierra argentina, vasta y desierta, primero es la espada,
después el arado, después el comercio y la escuela. Primero
el latifundio, después la estancia, la chacra, la colonia y la
cultura.
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- Así Curamalal. Primero los avanzados capitales de lejana frontera,
desalojando al indio que dio al valle y a la sierra sus nombres compuestos,
quichuas o araucanos, títulos graníticos de su antiguo
señorío. Después los concesionarios que se asomaron
al desierto con los latifundios de cientos de leguas. Y después
Don Eduardo Casey, en 1884, que basándose en capital propio,
del levantado entre sus amigos irlandeses con su palabra influyente
y de un crédito de setecientos mil nacionales acordados por el
Banco Hipotecario, y con la gerencia infatigable del pionero canadiense
Don Juan Sewell, puebla el latifundio de Curamalal...
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- Hizo en el latifundio santafesino otra gran colonia ganadera y agrícola,
en el paraje tradicionalmente conocido con el nombre de Venado Tuerto.
Leguas y leguas de alfalfa, miles de novillos, casi puros, invernando
en la inmensa pradera, el verde infinito del maizal, las rubias mieses
espigando de oro el horizonte y el desierto matizado con quintas y pueblos,
tal fue la transformación maravillosa del pajonal santafesino
entre las manos ágiles del vigoroso luchador.
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- Parecían ellas sacar del mismo sol de 1810 su poder fecundante
para animar con el aliento de la civilización y del progreso,
aquella pampa legada intacta por la colonia, que había transportado
a la llanura sudamericana, el soplo helado del Escorial.
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- A Eduardo Casey le llegó, al final, el derrumbe como a todos
los precursores que avanzándose demasiado sobre los lindes del
tiempo, pierden pie y caen al abismo.
Su ruina fue el Barrio Reus, de Montevideo. El Reus fue la primera iniciativa
de los grandes barrios suburbanos con casas confortables y baratas para
obreros, que ahora son preocupación primordial de la legislación
argentina y que continuará más tarde en Montevideo con
éxito merecido ese otro trabajador oriental, Don Francisco Piria,
el fundador de Piriápolis. La especulación en su vértigo
arrastró a los especuladores hasta el fondo del barranco y se
tragó 37 millones en los que se fueron Curamalal y el Venado
Tuerto junto con los capitales irlandeses ganados peso a peso, kilo
a kilo sobre el rubio vellón de las majadas. El luchador celta
quedó knock out y pasaron sobre él los diez segundos de
la mala suerte.
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- Más tarde se incorporó todavía y fue a Londres
a financiar trabajosamente el ferrocarril Midland. De día aparecía
en la Bolsa Mundial como espectro de la fortuna desvanecida, tratando
de manipular reacios millones, y de noche se refugiaba en la buhardilla
de un hotel, donde los trasnochadores de la City podían percibir
en la madrugada la luz mortecina que oscilaba entre las columnas de
números de insomne fantasía.
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- Por fin financió la ardua empresa y regresó a Buenos
Aires con cien mil libras esterlinas de ganancia propia que invirtió
íntegramente en pagarle a toda la gente pobre que había
depositado en su casa.
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- Después murió prematuramente de pena por no poder cumplir
con todos sus compromisos y con la amargura de su honradez ingénita,
que no habían enervado los cracks financieros. Tenía 59
años cuando murió pobre y olvidado, con la inhibición
total de bienes, esa fuente civil de trabajadores audaces, cuya derogación
propuse al Senado de Buenos Aires y, como es natural, la detuvieron
los acreedores, poco filósofos.
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- Don Eduardo Casey había trabajado mucho para todos y mal para
sí mismo, a diferencia de los parásitos que se enriquecen
sin hacer nada con el trabajo de los demás. Era hijo de irlandeses,
nacido en la Estancia "El durazno" en Lobos, Provincia de
buenos Aires y tenía la fantasía y tenacidad de su raza.
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- Su última creación fue el Marcado Central de Frutos,
monumento al trabajo y a la riqueza que cubre varias hectáreas
en la populosa Avellaneda y cuya vasta mole contemplan los presentes
y contemplarán las futuras generaciones, colosal como la cosecha
argentina y por dentro de otro macizo como los templos del Sol.
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- A su entrada, tallada en el granito de Curamalal, donde él
hizo surgir el agua de la roca y el maná del fértil valle,
debiera levantarse la estatua de Don Eduardo Casey, en su alta y distinguida
figura, vestido con su levita cruzada, de cara al Sur oscuro, y con
la larga barba al viento y a la tormenta como el obrero bíblico.
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El Rincon de Jose
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Jose Brendan Wallace
josewallace@powervt.com.ar
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